Por qué un año percibido como difícil puede convertirse en un año de alto potencial
El sector químico ha atravesado años complejos. Los precios elevados de la energía, la demanda débil, las nuevas regulaciones ambientales y la perspectiva de desinversiones han marcado gran parte del debate en 2025. La narrativa ha sido a menudo pesimista, lo que sugiere que 2026 podría ser un año en el que una visión contracorriente aporte valor. Con esta perspectiva, en Octave observamos cuatro líneas de oportunidad que merecen atención.
1. M&A: por qué la transparencia operativa y el cumplimiento normativo están creando valor
La presión de costes está llevando a muchas empresas a considerar la venta de activos o divisiones enteras. El anuncio de Sabic sobre su salida de Europa se suma a los movimientos de Dow y LyondellBasell. La causa es conocida: la competitividad europea sufre por la energía cara y la demanda más frágil frente a otros mercados.
Este escenario abre un mercado interesante. Los compradores están dispuestos a pagar más por plantas que demuestran no solo eficiencia, sino visibilidad operativa fiable y verificable. Para los vendedores, esto implica algo directo: digitalizar antes de vender puede aumentar la valoración. Procesos claros, datos de activos certificados, historiales de mantenimiento trazables y sistemas EAM robustos aceleran la due‑diligence y reducen la incertidumbre.
Del lado del comprador, está ganando fuerza un enfoque que vemos con frecuencia: el lift‑and‑shift operativo, es decir, la capacidad de modernizar rápidamente las plantas adquiridas mediante plataformas digitales ya preparadas. Las empresas que dominan este método pueden convertir activos en dificultades en oportunidades reales.
2. Nueva regulación: un motor para inversiones y reindustrialización
Las “clean chemicals” ganarán protagonismo en 2026. Los PFAS y los microplásticos centraron el debate en 2025 y ahora están impulsando acciones concretas.
La Comisión Europea avanza hacia una prohibición amplia de los PFAS, con excepciones muy limitadas. El packaging alimentario no podrá contener PFAS a partir de agosto de 2026. Las empresas deberán rediseñar líneas de producción y materiales, lo que abre espacio para polímeros libres de flúor y capacidades productivas alternativas.
Los microplásticos representan un segundo frente. Desde 2026 los fabricantes deberán declarar su uso anual de partículas intencionales y demostrar cómo las gestionan de forma segura. Para muchos sectores esto significa reformular productos, desarrollar plantas piloto y calificar nuevos insumos. El sector cosmético y farmacéutico asumirá además los costes del tratamiento de aguas residuales, lo que impulsa la demanda de materiales biodegradables.
Esta presión regulatoria está alimentando un fenómeno creciente: la clean fashion y otros segmentos de consumo que priorizan la seguridad de materiales. Los incentivos públicos también contribuirán a que estas transformaciones sean más accesibles a nivel de inversión.
3. Circularidad y CCUS: 2026 como año de validación a escala industrial
La circularidad está pasando de proyectos piloto a ejecución industrial. Los ejemplos se multiplican: reciclaje químico de colchones, metanol producido a partir de CO₂ e hidrógeno renovable, recuperación avanzada de feedstock y bioderivados de nueva generación. No todos los proyectos alcanzan madurez económica, pero la dirección es clara.
Dos elementos convierten 2026 en un año decisivo.
Primero, el marco normativo. El Mecanismo de Ajuste del Carbono en Frontera entrará plenamente en vigor en enero de 2026 y el coste de las materias primas fósiles aumentará bajo el ETS europeo. Esto fortalece la viabilidad económica de CCUS y soluciones circulares.
Segundo, la digitalización reduce la incertidumbre. Los digital twins permiten simular los ciclos de reciclaje y validar configuraciones antes de invertir capital. Ofrecen una visión completa del ciclo de vida. Esta base de datos permite dar el siguiente paso: usar IA para optimizar procesos, seleccionar materiales alternativos y prever rendimientos industriales.
El 2026 será un año de selección. Las plantas capaces de demostrar viabilidad económica atraerán capital, mientras que las demás tenderán a consolidarse o salir del mercado. El digital product passport europeo favorecerá a quienes ya invirtieron en interoperabilidad y estandarización de datos.
4. Productividad e IA: donde se juega la ventaja a largo plazo
La productividad sigue siendo una palanca crítica. Un estudio de Hexagon de 2025 mostró que tres de cada cuatro directivos del sector químico en EMIA señalan retrasos informativos, datos incompletos y software heredado como obstáculos directos al rendimiento. El 60% admite que su empresa sigue usando papel con frecuencia.
La adopción de la IA tampoco ha alcanzado la masa crítica. En 2024 solo uno de cada cuatro profesionales del sector petroquímico la utilizaba activamente. Los principales casos de uso incluyen flujos de trabajo automatizados, colaboración operativa, seguridad e inspecciones y análisis energéticos.
Sin embargo, los resultados ya son visibles en las empresas que han invertido: reducciones de hasta un 20 por ciento en las paradas no planificadas y disminución de los costes de mantenimiento. La IA aplicada al control de proyectos, mediante enfoques como Enterprise Project Performance, mejora la previsibilidad de los proyectos intensivos en capital y ayuda a las empresas a ajustar su huella productiva con mayor rapidez.
Este es el tipo de transformación que habilitamos desde Octave, mediante plataformas cloud‑native que unifican operaciones, activos, datos y proyectos en una estructura digital coherente.
Mirando hacia 2026
Si 2025 fue un año de pesimismo, 2026 tiene el potencial de convertirse en un año de oportunidades. Podríamos ver adquisiciones relevantes y el relanzamiento de empresas que modernicen sus plantas, integren IA en sus procesos y refuercen la productividad con bases digitales sólidas.
En Octave creemos en una idea simple: la transformación industrial empieza con datos fiables y plataformas capaces de conectar personas, procesos y activos. Y es precisamente en años como 2026 cuando estas decisiones marcan la diferencia.